De economía peruana

El 27/04/2026, el Instituto Peruano de Economía (IPE) publicó en su revista digital el artículo "Las reformas que dejó la pandemia", de Miguel Palomino, presidente del IPE.

Cuando comencé a leerlo, mis "sesgos" de investigación obviamente salieron a la luz: el derecho a elegir y participar en la gestión de la habitabilidad en sitios históricos habitados en "continuo cultural" (el término entre comillas fue acuñado por el director del complejo arqueológico Mateo Salado, arqueólogo y gestor cultural, Pedro Espinoza, ca. 2016), es decir, todo lo que respalda mi estudio de la "Epistemología de la Memoria Colectiva Peruana" (del cual se pueden leer algunos fragmentos buscando en línea).

Así pues, ese "sesgo" en la investigación me llevó a cuestionar lo siguiente:

¿Qué tipo de atención falta realmente? Atención al diseño de procesos, es decir, a los PROFESIONALES. Eso es lo que, según mis estudios, configura todo lo que llamamos "corrupción": una burocracia tan anormal, tan aparentemente normativa, que impide cualquier consenso: la costumbre; tan restrictiva que, por su forma, se instala en el razonamiento profesional (del que también proviene). Los profesionales no detectan realmente ni los nodos problemáticos ni, obviamente, las alternativas: porque no se corresponden entre sí: un enorme vacío.
Y ese comportamiento no es el de hoy, el de esta era del cartesianismo posmoderno supercomputarizado. La causa no es precisamente esa, la "era" o el "momento", porque la "incompetencia", en el individuo a largo plazo, se revierte con la teoría y la práctica. La causa es la generalización de la inexperiencia para comprender la realidad del contexto y sus elementos. Existe tal aniquilación con su existencia que no se identifica con ella ni siquiera la comprende. Cometer errores, intentarlo y acertar son características humanas individuales, y las características del colectivo no son las mismas en sí mismas, sino más bien los procesos de comprensión.
La comprensión es un resultado dialógico, no enunciativo, por lo tanto no puede permanecer monológica.
¿Qué tipo de atención se está descuidando para mejorar el funcionamiento de los sistemas educativo, sanitario y judicial?
Para dialogar, no se necesita dinero, sino diálogo. Y el Estado tampoco necesita solo dinero: necesita profesionales del diálogo. No solo plata. Cuando comprendas para qué sirve realmente la plata, tal vez entiendas para qué sirve el diálogo. Ya durante la pandemia lo vimos con fuerza: la gente moría, sin importar cuánto dinero tuviera. De nuevo, ¿qué más se necesita aparte de plata?

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El texto que copié, lo publiqué hoy en Facebook, sin dirigirme a nadie en particular. Y, obviamente, terminé de leer el artículo de Palomino, muy recomendable, que se puede leer en el siguiente enlace: https://ipe.org.pe/las-reformas-que-la-pandemia-dejo-atras/

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