¿Y a ti quién te ha dicho que los unicornios no existen?
¿Y a ti quién te ha dicho que los unicornios no existen? Los unicornios son unos seres muy vistosos y ágiles a la vez. Siempre están yendo, muy orondos y seguros, de aquí para allá. Resulta que tienen el don de la telepatía, pero, antes de ser como ahora, propiamente unicornios, no se veían como hoy se ven. Antes de ser como hoy se ven, eran igualitos, pero todos juntos, comiendo juntos, paseando juntos, en ronda juntos. Conversaban entre ellos. A veces, como a todo el mundo, se les veía riendo entre ellos, o tratando seriamente algún tema, o en un silencio mutuo, así, ceremonioso, pero, incluso, a veces, alguno, impetuoso, se iba de cabeza contra otro que, al parecer, quedaba todo desconcertado. Por qué el cabezazo, no sé, luego seguían con sus cosas. Estando entre ellos, a veces se sentía una tensión simpática, pero otras, se sentía una tensión antipática. Rara era la ocasión en que, por lo menos yo, percibí una tensión apática entre ellos. Claro que, algunas veces, algunos se iban a hacer otras cosas, y de vez en cuando no se volvía a ver a otro, pero luego de un tiempo, volvía a aparecer por ahí y, todos, o le hacían fiesta o le reclamaban que se hubiera ido sin avisar que se iría tanto tiempo. Y después seguían con lo suyo, compartiendo las comidas, el agua, los campos. Les gustaba jugar a las escondidas. Hasta al más viejo. Los más viejos solían contar. Hasta que un día, uno de ellos, uno que había estado desaparecido, no sé si de los que fueron recibidos con fiestas o con reclamos, tenía un cachito. Después de algunas jornadas típicas, otro también tuvo un cachito, y así, sucesivamente. Desde ese momento, ya los empecé a ver, no siempre reunidos haciendo las cosas que conté antes, sino yendo más por aquí y por allá. Solitos los empecé a ver. Se pusieron más brillantes, más pompositos, también, pero más espaciados. Y un día, dejé de verlos con frecuencia, sino más de casualidad, pero resulta que a todos les terminó saliendo el cachito ese. Todos armónicos andaban, igual que siempre, pero ya no tan juntos, sino cada uno por aquí y por allá. Y yo sé que son telépatas, todos y cada uno, porque primero me lo dijeron ellos mismos en diferentes oportunidades. Y, además, por si las moscas, yo misma les hice la prueba del huevo podrido. Esa vez, luego de ese juego, todo el campo se puso chistoso. Claro que existen los unicornios. De hecho, se quedan sonriendo un rato delante de ti, para que los veas y les converses con tus palabras, por lo menos alguna vez en tu vida. Tan esparcidos no andan, tampoco. (AVVZ)
Comentarios
Publicar un comentario